HISTORIA

Siendo el año 1.998 y después del desastre con el terremoto de Armenia en el departamento del Quindío – Colombia, mientras trabajaba en la emisora La Z de Todelar, recibí una llamada del señor Mario Andrés Palomino Hernández, quien era uno de mis oyentes. Me propuso hacer una campaña para ayudar a los damnificados por el terremoto.
Fue así que empezamos a trabajar juntos. ¿Para qué o por qué?
El recibió el mensaje después de un accidente en moto; mientras estaba en cuidados intensivos se vio rodeado de niños. Tuvo varias veces el mismo sueño; tal vez como respuesta a su plegaria: “Padre ¿Cuál es mi misión?
Yo tuve muy claro desde siempre lo que vine a hacer en este planeta azul: aprender, enseñar, ayudar.
Durante nuestra visita a Armenia, llevábamos agua, ropa, alimentos, etc y observamos que los niños eran los más vulnerables y quienes más sufrían con la tragedia. De ahí tomamos la decisión de trabajar por la infancia.
Iniciamos nuestra labor visitando diferentes sectores marginados de Cali. Al finalizar cada ejercicio, concluíamos que era una labor paternalista y poco productiva. Tomamos entonces otra decisión: adoptar un sector en el cual viéramos crecer el fruto de nuestro trabajo. Llegamos al sector Las Minas del barrio Altos de Normandía.
Los recursos salían de nuestro bolsillo. Agrupamos unos 50 niños. Diariamente les llevábamos leche y pan. Los sábados a la intemperie improvisábamos un fogón para prepararles el desayuno, generalmente con colada; por lo que los niños nos identificaban como “Los de la colada”. Poco a poco fuimos progresando hasta ofrecerles almuerzo los sábados.
Los adultos nos observaban desde lejos y tal vez llenos de dudas, pues nunca alguien había llegado a ayudarlos sin pedir después algo a cambio.
Al cabo de un año, la comunidad concluyó que nuestra labor carecía de intereses particulares (económicos, políticos, religiosos), por tal motivo nos cedieron un lote para construir el comedor.
Inmediatamente conseguimos los materiales, con aportes de amigos: guadua, esterilla, tejas de zinc, etc. Empezamos la construcción con recatón y machete armados los dos y la gente comenzó a llegar, jóvenes, padres de familia, todos a colaborar con la obra que se convirtió en el salón múltiple de la Fundación Dignidad y Vida. Este espacio además de comedor funcionaba como salón de audiovisuales, salón de clases durante la alfabetización, salón de artes marciales, etc
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Fundación Dignidad y Vida








